




Un pueblo que se considere tal debe amar no solo sus tradiciones, sus fiestas, sus vinos o sus guisos. Debe amar además su Patrimonio arquitectónico, y este aprecio colectivo es la única garantía de su conservación.
Si el Patrimonio arquitectónico le falta el aliento del pueblo que lo creó habrá muerto definitivamente, o como mucho y en el mejor de los casos tendrá un valor museístico falto de vibración. Será una pieza disecada.
Emilio Fonseca Moretón. Patrimonio cultural de Galicia e Norte de Portugal, Cadernos do Laboratorio Ourensán de Antropoloxía Social.